domingo, 12 de febrero de 2017

Natxo con tx.

El día sigue gris, y es que ni el sol está de humor. Por no acompañar, no lo hace ni el de la semana, antipático domingo.

Escogiste un momento cuanto menos oportuno para llevártelo. Todo rocambolesco. Ya sé. Ya sé que dicen que no hay que buscar respuestas a preguntas tan simples como inmensas, pero igual. Por qué y por qué de esta forma.

No contestes. Deja que hable de él y con él.

Hola Natxo (permite que te escriba entero, te veo más).

Gracias. Gracias por tantas horas al lado de mis hijos, no sólo cuidándolos sino también enseñándoles tu manera de hacer. Gracias por ese último consejo, por tantos otros que me diste sin mediar palabra. Gracias por hacerme pensar, invitarme a seguir adelante, sin haberme rechazado jamás. Gracias por ser ese tío Natxo cercano.

Lo tuyo no era ser evidente. Recuerdo lo que me concentraba en escucharte desde tu asiento de copiloto, con los niños detrás poniéndomelo más difícil. A veces, muchas de ellas te confesaré, ese hilito de voz tuyo que utilizabas para acompañar tus palabras se mezclaba con las risas de los chicos y resultaba todo un ejercicio de interpretación.

La discreción era en ti un valor. Siempre atinabas con esa reflexión que detenía mi particular torrente de ideas y me hacías volver a recomponer el puzzle.

Hace unos 10 años, cuando la cosa se puso fea, estuviste para recoger los ánimos. Como un buen actor de reparto, tu presencia mejoró la escena y sentí tu silencioso y cómplice apoyo. Gracias también por ello.

Siempre me declaré fan de tu mirada. Y es que esa manera de captar la realidad decía mucho más de ti de lo que pudieras decir tú mismo. Me va a costar ir por ahí y no imaginarte escudriñando cada rincón, cada rostro, cada detalle para tu foto. Ojalá te siguiera encontrando en estas redes que nos ayudan a contar y en tu caso, a admirar.

Hasta siempre, Natxo con tx. Personaje con más fondo que careta. Estabas entre mis favoritos, ¿lo sabías?. No me preguntes por qué, pero tú eras el último número de esa lista de frecuentes. Como no sería por las veces que nos llamábamos, sería por algo mucho más simbólico. Cosas de la vida. Como esta. Sin explicación.

Vamos a echarte de menos, no a olvidarte. Sé que te sentiré como siento a veces el abrazo de mi padre que descansa en algún lugar lejano pero a la vuelta de la esquina para cuando lo necesito. Sé que hablaremos, como lo hago con él, en días o momentos cómplices.

Voy a ayudar todo lo que pueda y más a los que se quedan. Corazones rotos que ayudaré a recomponer con mi cariño. Esto es una carrera de fondo que recién empezamos y yo tengo fuerzas para las largas distancias. Ahí estaré, junto a los tuyos y juntos a los que son también algo míos.
Descansa en paz, a nuestro pesar.


sábado, 24 de diciembre de 2016

Heroínas de barrio

Habitan entre nosotros bellos personajes, mezcla de damas refinadas y guerreras entregadas, que lidian batallas urbanas, día tras día, sin otro propósito que el de crear un mundo mejor. Son las heroínas de barrio, mujeres anónimas que nos cruzamos con la ceguera del despiste, sin mirar.  

De no ser porque son mortales y reales, serían de la familia de las hadas por su carácter fantástico, sabio, hermoso y valiente. 
Tienen nombre propio y singular, aunque no las llamemos siempre por ellos.

Así son ellas. Mujeres que se desviven por los demás sin esperar recibir nada a cambio. Generosas con su tiempo, que empaquetan con cariño para regalarlo a desconocidos. 

Desprendidas con lo que también las hace bellas, como su larga melena, que donan sin pensar para que otras mujeres, afectadas por una enfermedad, puedan lucirlo por ellas. 

La primera historia es simple y preciosa. Durante meses, una heroína deja crecer su pelo, negro, fuerte y brillante, con el único objetivo de que cuando tenga una longitud suficiente, pueda ser cortado y donado. Con él, unas manos habilidosas en Mechones Solidarios, crearán una peluca que cubrirá los estragos de una mala pasada. Lo postizo se hace bello por arte de paciencia. Dicen en Mechones Solidarios que devuelven sonrisas a personas que están o han estado enfermas. Y yo, me lo creo.  

Bonito gesto y ejemplo para aquellas niñas cuyo modelo estético es el de celebrities artificiales y plastificadas. Bonito cuento de hadas madrinas contemporáneas que, en un entorno más egoísta que altruista, nos infunde esperanza. 

Acabando estas cuatro líneas mi hija se sienta a mi lado y se sorprende: ¿Heroínas? Recientemente le han hablado de las drogas y me pregunta si estoy escribiendo sobre una de ellas. Me da que pensar. El femenino de Héroe coincide con el nombre de una sustancia adictiva y nociva. Aunque la droga también es un «término de uso variado que en medicina se refiere a toda sustancia con potencial para prevenir o curar una enfermedad. Vamos a no liarnos y a quedarnos con eso.

Gracias, Heroínas de Barrio, por estar ahí e inspirarnos. Gracias A. 

   



  

sábado, 2 de enero de 2016

A los que os quedáis sin ella. DEP.

Hoy es uno de esos días en los que ya te das cuenta que tus propósitos del 2016 son un "fail" total. Que el papel lo aguanta todo pero que es más fácil escribir que practicar.
Se suponía que el humor iba a sazonar las dificultades y la entereza las malas noticias.
 ¡A la mierda con ambos!. No me sale ni reír ni tirar del carro.

Hoy nos hemos despertado con la triste noticia de la pérdida de una madre que deja hijo, marido, familia y amigos en la más profunda desolación. ¿Cómo le das la vuelta al día? Así que hago lo único que me sale, que es escribir, sobre lo único en lo que pienso: el rastro desolador que deja esta trágica desaparición.

Como la imagen de las cenizas y colillas en una plaza tras una manifestación, todo se ha tornado desagradable. Parece que haga más frío y los recuerdos, que estaban aparacados en otra estación, regresan descontextualizados.
Y me pregunto ¿quién soy yo para estar así cuando todo un ejército de personas encuentran el ánimo para tirar?
......
......

Pues mira, basta ya. Precisamente por tod@s vosotr@s, por ti, y por ti....dejo de tontear con la desidia y le doy la patada a este balón de amargura.

No puedo cambiar lo que ha pasado, pero sí ayudar a pasarlo mejor. Quiero lanzar mis brazos a quien los necesite y mis palabras a quienes alienten. Por lo pronto, yo estaré lo suficientemente erguida como para que otros se apoyen en mí.

Brazos en jarras sobre las caderas, María Belón diría: Vale, por esta vez sí! (*)

¡A la mierda!, pero esta vez con el protagonismo de este duelo que no me corresponde.

Leo en las redes posts desgarradores de amigas y amigos que sí pueden permitírselo. ¡Ánimos a tod@s! Aprieto las teclas con más fuerza si cabe!!!

Y sí, quedáis vosotros dos. A quienes me cuesta imaginar sin volver atrás, sin blasfemar. Es injusto, inexplicable, doloroso. No tengo consuelo. Sólo, de nuevo, mi pensamiento que desde fuera, lo sé, es capaz de decir que es mejor no preguntarse por qué, sino para qué. Muchos, muchos ánimos Fer y Jr!


(*): María Belón, superviviente del tsunami de Tailandia de 2004, significó una importante revelación en mi vida y, desde hace algo más de un año que la vi, todavía sigue inspirándome. Muy recomendable escucharla, por ejemplo, aquí: http://bit.ly/1NXHwbY



jueves, 1 de octubre de 2015

Las tijeras del pensamiento creativo

Cada día pregunto a mis hijos (o a todo hijo de vecino que se preste) qué es lo mejor que les ha pasado durante la jornada. Una pregunta sencilla, de las de "multiple choice", directa, clara, que, sin embargo, no tiene una respuesta fácil. Se quedan minutos pensando, me miran distraídos haciendo ver que no me siguen, veo como van dándole vueltas a sus cabecitas y vuelvo a formular la pregunta.

¿Tan difícil es? ¡Ni que fuera un examen!

Me lanzo a reflexionar sobre ello. Intento encontrarle una explicación. Enlazo y rescato algunos de los impactos que mi mente ha recibido los últimos días. El primer boceto me lleva a que el problema es la “priorización”, la jerarquía, el podium de clasificación que mentalmente hacen mis hijos al haberles pedido “la mejor”. No una cosa buena genérica, una cualquiera; “la mejor”. Ais mami, me digo, ¿por qué tengo que obligarles a escoger sólo una descantando otras buenas? ¿No es una forma de limitarles, encorsetar sus pensamientos y condenar en el olvido otras experiencias que, seguro, habrán vivido? Aquí vengo yo, adulta figura con unos cuantos años acumulados, con las tijeras del pensamiento creativo.
De seguir haciéndolo así, esta sería yo:

(Gracias J.M.M. por la ilustración que tanto necesitaba para explicar la idea).

Y de la autocrítica, saco a flote una frase que escuché hace un par de días: “La creatividad se alimenta de la imaginación”.

Y yo, haciendo recortes.

Y no sólo yo...

En Japón se “insta” a las Universidades a restringir la educación en humanidades como un “paso activo para servir a otras áreas que atiendan mejor las necesidades de la sociedad”. Necesidades adultas, claro está. http://bit.ly/1NKlsSL. Las carreras que se verán afectadas por esta decisión no son sólo las relacionadas con las artes, como Lengua y Literatura o Bellas Artes, sino también otras licenciaturas como Derecho, Educación o Economía.
No soy una experta pero entiendo perfectamente que seguimos recortando esas nubes de pensamiento creativo que tienen nuestros hijos e hijas. Y quizá estamos recortando en lo que nos identifica como ser humanos. http://bit.ly/1uNBMto

Así que cambiaré la pregunta de hoy. ¿Qué cosas buenas os han pasado hoy?

A mí, de momento, muchas. Una de ellas ha venido de mi gran hermana-amiga M.J. y tiene buena pinta: http://bit.ly/1VpkscU


martes, 28 de octubre de 2014

Tributo a 'Flores en el ático'

Hace unos días escribí que para darle la vuelta a la tortilla había que tener la sartén por el mango, asirla con fuerza y no dejarla llevar. Era otra forma de decir que llevar las riendas de tu vida hace que la dirijas, o al menos la orientes, hacia donde tú decidas. Me pregunto por qué algo que parece tan sencillo puede resultar tan complicado a veces.

Nuestras vidas parecen complejos planes de movilidad, diseñados con sus desvíos, entradas y salidas; enormes y frecuentes rotondas que desaceleran nuestra velocidad o grandes avenidas por las que superamos valientemente la permitida. Perdemos el control y volvemos a recuperarlo secuencialmente, de igual forma que las estaciones se suceden a lo largo de un año de manera ineludible. Tropezar no es necesariamente una consecuencia de calzar 15 centrímetros de aguja ni, por el contrario, mantener el equilibrio es exclusividad de acróbatas y trapecistas. Uno no sabe cuándo ni por qué, pero llega cual movimiento pendular, el yin y el yang, la cara y la cruz, el bien y el mal. Lo que nos diferencia, a nosotros y a nuestras idas y venidas, no es el qué, sino el cómo, que acaba determinando el 'para qué'.

No tengo apellido académico ni estas líneas poseen valor científico. Mi cartera está llena de horas de reflexión contrastadas con experiencias vitales, más reales que realistas, que dan entre otros frutos papiros llenos de tinta, normalmente de color negro. No soy más que una de tantas voces que se escuchan solo a través de las teclas y aún así no se callan. Me permito sentar esta humilde cátedra y dedicarla a quienes como yo, y antes que yo, han decidido coger ese mango de la sartén con todas sus fuerzas con el único propósito de intentar darle la vuelta a la tortilla de los acontecimientos.

Pienso en quien llevo hasta 10 años de delantera, que está pasando por uno de esos caminos abruptos, serpenteantes, llenos de curvas peligrosas que te acercan al precipicio, provocando ese vértigo que te engulle. Pienso en su lucha por regular la marcha para no consumir todo su depósito y poder llegar a buen puerto. En sus ganas de no pisar el freno, de salir rápido hacia adelante, sin importarle cegarse con el reflejo de sol, salga o no por Antequera.

Pienso en mis otras dos que la rodean en edad. Una cuatro sobre el par, otra con la que casi hace birdie. Ambas luchadoras incansables, comensales de vidas con sabor agridulce, guardianas de secretos familiares, fuertes como robles en los que apoyarse, a la vez que flexibles como el tallo de un junco sometido al temporal.

Pienso en el heredero de una fortuna extinta, de una responsabilidad mal interpretada, de frustraciones ajenas. A las pruebas que me remito para tildarle de erudito personaje con el que me río del pasado, mirando de reojo al futuro, mientras el presente nos lo merendamos bañado en chocolate y nata, lo que me recuerda a sus estornudos delatores y la consecuente reprimenda.

Todos nosotros hemos soltado alguna vez ese mango, en ocasiones por falta de fuerza y tantas otras para no quemarnos. Pero tenemos algo en común, un sello marca de la casa que nos distingue, que configura nuestro escudo familiar. No somos altezas pero tenemos esa actitud dispuesta, altiva y retadora. Dejamos de restar los fracasos para sumar los éxitos porque salga cara o cruz, somos de los que recogemos la moneda y la lanzamos al aire con la misma esperanza de acertar el resultado.

Puede que la tortilla todavía no haya dado la vuelta para todos. Puede que unos tengamos mas ganas que otros. Pero de lo que estoy segura, es de que por muy cruda que quiera presentarse la vida, nosotros la pasaremos tantas veces como sea necesrio, hasta que su aspecto mejore y su sabor nos deleite.

Ánimo y fuerza por nuestras venas. ¡Os quiero hermanos míos!

viernes, 18 de abril de 2014

El sabor agridulce de tu figura

Sobre mis piernas el iPad. En mi cabeza tu imagen, nítida y perfilada con todos tus detalles. El mismo trayecto de cada día, la bendita rutina que estira de mi voluntad a pesar de que se resiste como la conciencia cuando se tienta. Cerraría los ojos pero no quiero que aparezcas todavía más real. Escribo en un intento de desviar mi atención, de distraer tanto tormento. Falso ejercicio, pues acabado hablándote a través de mis teclas vocales. Parafraseo cabriolas imaginarias de abrazos y besos. Y acaba por gustarme. Como dice la canción... Just an illusion. Esa es la parte dulce, la que recrea las risas, la que planifica nuestras salidas.

Esta espera es la antesala de la pena que indefectiblemente te da la bienvenida. No me acostumbro a la forma que tienes de venir a verme. Eres tan deseada como malvada. Puede que me vayas educando pero tu asignatura se me sigue atragantando como el primer día. Después de tantos años me suspendes siempre en primera convocatoria. Y te juro que nadie se prepara más que yo. No me das tregua. Acudes como una musa a mi canto y llegas preciosa a la vez que mentirosa. Me ofreces tu alegría, llevándote en prenda la mitad de ella.  Encoges el perímetro de lo que me late, dejándolo al tamaño de un penique.

Te presentas con ese aire seductor pero conozco tus dos caras. Quisiera mirarte con otros ojos, pero no me fío. Me resisto a caer en tu trampa, porque eso eres...un engaño. Te llamas Vacaciones, te apellidas Amarga. Me apartas momentáneamente de algo que quiero más que a mi misma. Y no me acostumbro.

Un año más ya has llegado, ya estás aquí, dejándome con el sabor agridulce de tu receta.
Por suerte, a fuerza de intentar engullirte, mi paladar ha aprendido a degustar el sabor de la amargura con tintes de dulcura.

Voy a intentar ignorarte, la única forma que tengo de caminar a tu lado sin que me desplaces. Después del punto y final de esta falsa oda a tu figura, voy a darte la espalda. Dejarás de existir hasta que me devuelvas lo que te has llevado y que te pertenece a medias.

Dicen que la muerte es la única capaz de cancelarlo todo. Y tú estás bien viva, así que no voy a darte el gusto de cancelarme nada.

jueves, 13 de febrero de 2014

24 horas y San Valentín

Te despiertas antes de que suene el despertador recordando la nota de la agenda de tu hijo, a la vez que añades en el calendario "enviar fotos para completar la web". Repasas con rapidez los detalles del día, encadenando en la secuencia los actos personales y los profesionales. Agregas un par de recordatorios más antes de leer en titulares de hasta 140 caracteres los temas más relevantes del momento. Estamos hablando de Twitter, algo más que una red social. Te detienes en tu favorito,deleitándote en la imagen que tantas veces se cuela graciosa e inocentemente en tus pensamientos. Intentas leer entre líneas lo que no recibes en párrafos.
Suena la alarma y valientemente la ignoras unos minutos, como si pudieras hacerle caso omiso. Al fin y al cabo, piensas, el día lo empezaste tú bastante antes de que ella llegara. Te levantas con las secuelas de unos pasos que horas antes habían estimulado movimientos rítmicos. Pasas a recomponerte con la cascada de agua que resulta el recurso natural que desarrolla tus funciones vitales como las de todo ser vivo. Decides tu indumentaria en función de lo que te depara el día y el medio a través del cual irás a por ello. Los tacones son malos compañeros del asfalto, las prisas y las zancadas aceleradas. Arrastras de la cama con una grúa imaginaria a unos niños encorsetados a las sábanas, deseosos de quedarse en ellas eternamente, de manera extraña, siempre que no es festivo. Mientras canturreas estrofas cariñosas, con voz forzadamente impostada, preparas una muestra gastronómica en formato delicatessen. El café, cargado y con leche, endulzado y en taza, es el gran aliado de esta dirección de orquesta. Consigues reconstruir un aspecto algo deteriorado por la edad con la ayuda de cada vez más pinceles.